Milenna
Siempre te veía en la universidad. Y nunca me había atrevido a abordarte, o siquiera saludarte… pues aún eras la novia de uno de mis amigos, y ese era motivo suficiente para frenar cualquier intento de acercarme hacia ti, y tratar de conocerte un poco más.
Un principio de honestidad, respeto y entereza ante el bien ajeno, la pareja de un amigo.
Tuvieron que pasar varios años desde que terminé la universidad para volver a encontrarte, y recibir de tu parte un afectuoso saludo, que sinceramente nunca hubiese esperado de tu parte, pues no habíamos logrado terminar o siquiera empezar una charla amena…
Hasta esos meses…
Meses en los que tu presencia empezó a alterarme los días y en los que te mostrabas mucho más autentica que de costumbre…y siendo realmente sincero nunca había pensado tenerte tanta confianza. Poder quedarme en tu departamento por tanto tiempo, conversando de asuntos sin importancia para empezar a hablar de actualidad, política, moda y ropa.
Tanto platicábamos, que se había convertido en una rutina quedarme cada noche en tu casa. Pero he de confesarte algo, pues hubo un momento durante esos meses, en los que llegue a pensar que no me gustaban las mujeres. Y me asuste, pues era muy extraño que estando a tu lado no haya hecho nada. Nada.
Pues eres una mujer muy bella, perfecta diría yo. No entiendo como pude dejar de disfrutar tu hermoso cuerpo. Y déjame serte sincero, pues eres altamente recomendable, y perdóname la indiscreción pues hasta ahora no me explico porqué no llegue a enamorarme de ti, y tirar todo al vacío, jugármela a tu lado… pero luego te empecé a tenerte ganas, y no sabes cuanto. No quería o trataba de no confundir lo que teníamos, o quería mantenerlo así, para no estropear lo que habíamos conseguido hasta ese momento.
Sin embargo siempre rondo en mi cabeza la pregunta de rigor, aquella que nunca te hice y hasta ahora no logro explicarme el porqué estuviste con el idiota de Israel. Y el porqué dejaste que te haga tanto daño. Pues fue tan poco caballero, para terminar hablando pestes de ti, y dejarte muy mal parada como mujer que eres.
Hacia bastante tiempo que no te veía.
No me había percatado de tu ausencia desde hace varias semanas.
Hoy te extraño y no sabia donde estabas, hasta que alguien me comento que habias viajado.
Estás en Europa y nunca lo compartiste conmigo.
Quizas no tuvimos tanta confianza como pense, hoy te extraño. y recuerdo tu mirada.
Y aquella sonrisa, con esos labios rojos que solamente tu sabias como usar.
Seguiré escribiéndote, con el amor que siempre te demostré
Gonzalo